Caminar con Dios en medio del caos.

Vivimos tiempos donde todo parece acelerado, incierto, y muchas veces fuera de control. La economía se mueve, los planes cambian, las noticias no dan respiro. Y en medio de ese ruido, la pregunta es inevitable: ¿cómo seguir caminando con Dios cuando todo alrededor parece un caos?

La respuesta no está en tener el control, sino en confiar en quien sí lo tiene.
Porque aunque el mundo se sacuda, Dios no se muda.

“El Señor es mi roca, mi fortaleza y mi libertador” (Salmo 18:2, RVR1960).

Él no promete una vida sin tormentas, pero sí promete estar con nosotros en cada una de ellas.

Jesús en medio de la tormenta

Marcos 4:37-39 nos cuenta que una gran tempestad azotaba la barca donde estaban los discípulos. Ellos entraron en pánico mientras Jesús dormía. Lo despertaron gritando:

“¡Maestro! ¿No te importa que perezcamos?”

Jesús se levantó, reprendió al viento y dijo al mar:

“¡Calla, enmudece!”
Y todo se calmó.

Qué escena tan humana: los discípulos angustiados, pensando que estaban solos, mientras el Hijo de Dios dormía a su lado.
¿No nos pasa igual? Creemos que Jesús no ve lo que atravesamos, cuando en realidad Él está ahí, en la misma barca.

El Señor no prometió ausencia de tormentas, sino presencia en medio de ellas.

La paz no depende del entorno

Caminar con Dios en medio del caos no significa que todo se ordene de inmediato, sino que algo se ordena dentro nuestro.
Jesús dijo:

“La paz les dejo; mi paz les doy. Yo no se la doy a ustedes como la da el mundo” (Juan 14:27, NVI).

La paz del mundo depende de las circunstancias; la paz de Cristo nace de la confianza.
Podemos estar en medio del huracán y, aun así, sentir calma porque sabemos quién sostiene el timón.

Lo que el caos revela

El caos tiene una forma particular de mostrar lo que realmente creemos.
Cuando todo está en orden, es fácil decir “confío en Dios”.
Pero cuando se mueve el piso, ahí descubrimos si nuestra fe está anclada en las emociones o en la verdad.

“El que habita al abrigo del Altísimo morará bajo la sombra del Omnipotente” (Salmo 91:1, RVR1960).

Habitar bajo Su sombra no es una visita ocasional: es permanecer cerca de Su presencia, aunque el entorno grite lo contrario.

Share and Enjoy !

Shares

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio