Hay momentos en la vida en los que uno se siente un poco perdido.
Podés tener trabajo, familia, salud… y aun así sentir que algo falta.
Esa sensación de vacío, de no saber para qué estás en este mundo, es más común de lo que parece.
Pero no es un signo de fracaso: es una invitación de Dios a buscar su dirección.
“Porque yo sé los planes que tengo para ustedes —afirma el Señor—, planes de bienestar y no de calamidad, a fin de darles un futuro y una esperanza.” (Jeremías 29:11, NVI).
Tu vida no es un accidente.
Dios no improvisó contigo.
Desde antes de nacer, Él tenía preparado un propósito, un llamado, un camino que solo vos podés recorrer.
El propósito no se busca, se revela
Muchos piensan que el propósito se encuentra como quien busca un tesoro escondido.
Pero el propósito no se descubre corriendo detrás de algo, sino rindiéndose delante de Alguien.
“Encomienda al Señor tus obras, y tus pensamientos serán afirmados.” (Proverbios 16:3, RVR1960).
Cuando te rendís a la voluntad de Dios, las piezas empiezan a encajar.
El propósito no siempre llega con una voz del cielo, sino en lo cotidiano:
una conversación, una necesidad que podés suplir, una puerta que se abre (o que se cierra).
A veces Dios te lleva a través de temporadas que no entendés, solo para prepararte para lo que viene.
Cada etapa tiene un llamado
No hay edad ni condición que te excluya del propósito de Dios.
El joven tiene energía, el adulto tiene experiencia, el mayor tiene sabiduría.
Cada etapa tiene su misión.
“Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora.” (Eclesiastés 3:1, RVR1960).
Quizás en esta temporada tu propósito sea criar a tus hijos con fe, cuidar a alguien enfermo, servir en tu iglesia, o simplemente mantenerte firme en la fe mientras otros se caen.
El propósito no siempre es espectacular; muchas veces es silencioso, pero eterno.
Claves para descubrir tu propósito
1.Orá pidiendo dirección. No para que Dios te muestre todo el mapa, sino el próximo paso.
2.Escuchá tu carga. Lo que te conmueve o te duele puede ser una pista de tu llamado.
3.Serví donde estés. El servicio revela el propósito más que las palabras.
4.No te compares. El plan de Dios para vos no se parece al de nadie más.
5.Confiá en el proceso. A veces el propósito se ve claro solo cuando mirás hacia atrás.
Palabras para meditar
Tu propósito no está perdido: te está esperando en la obediencia.
Cuando caminás cerca de Dios, el sentido aparece, la dirección se aclara y el corazón se llena de paz.