Cuando la fe se pone a prueba.

Hay momentos en la vida donde sentimos que todo se tambalea. Situaciones inesperadas, pérdidas, enfermedades, problemas familiares o económicos que nos hacen preguntarnos: “¿Dónde está Dios en todo esto?”. En esos tiempos oscuros, nuestra fe —esa confianza que decimos tener— es puesta a prueba.

No se trata de una fe teórica, sino de una fe viva, la que se mide en los días difíciles. La Biblia no oculta esta realidad. Santiago nos dice:

“Hermanos míos, considérense muy dichosos cuando tengan que enfrentarse con diversas pruebas, pues ya saben que la prueba de su fe produce constancia” (Santiago 1:2-3, NVI).

En otras palabras, las pruebas no vienen para destruirnos, sino para fortalecernos. Como el fuego que purifica el oro, las dificultades revelan qué tan profunda es nuestra confianza en Dios.

Fe en medio de la tormenta

Recordemos a Pedro cuando caminó sobre el agua. Mientras sus ojos estaban puestos en Jesús, pudo hacer lo imposible. Pero cuando miró el viento y las olas, comenzó a hundirse (Mateo 14:29-31, RVR1960).
¿Cuántas veces nos pasa igual? Cuando todo va bien, decimos que confiamos en Dios. Pero basta una tormenta para que la duda golpee la puerta.

Sin embargo, Jesús no reprendió a Pedro por hundirse, sino por dudar. Es que la fe no consiste en no tener miedo, sino en elegir creer incluso cuando el miedo grita más fuerte.

Lo que Dios hace en la prueba

Las pruebas son talleres del alma. En ellas, Dios moldea nuestro carácter, nos enseña a depender de Él y nos recuerda que no somos autosuficientes.
Abraham esperó años por una promesa. José fue vendido por sus hermanos antes de llegar al palacio. David fue perseguido antes de ser rey. En todos los casos, la fe fue probada, y en todos, Dios cumplió Su palabra.

“Porque el Señor prueba al justo” (Salmos 11:5, RVR1960).

La prueba no es señal de abandono; es señal de propósito. Dios nunca prueba a quien no piensa usar.

Mantener la fe encendida

Cuando estés atravesando un valle oscuro, recordá: la fe no se basa en lo que ves, sino en a quién conocés. Aunque no entiendas el porqué, podés confiar en el quién.
Dios no te prometió una vida sin tormentas, pero sí Su presencia en cada una de ellas.

“Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo; y si por los ríos, no te anegarán” (Isaías 43:2, RVR1960).

Si hoy sentís que tu fe está siendo probada, no te rindas. Esa misma situación que hoy te hace llorar puede convertirse mañana en tu testimonio más poderoso. La prueba pasará, pero lo que Dios haga en tu corazón quedará para siempre.

Share and Enjoy !

Shares

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio